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Alguien viene de lejos/ Silvia Tomasa

Alguien viene de lejos
a esta tierra dura
y se tiende como un manojo de yerbas fluorescentes.
Yo no sé lo que espera,
trae un brillo en los ojos desde siempre.

Es el reflejo vivo de la luna
que se mete en la noche.

Ahora tiene nombre.
¿Qué se traerá entre manos?
Porque no es la antítesis del niño que se entretiene
jugando a las canicas, más bien se le parece.
No hay sombra que lo alcance.
No hay golondrina alguna que lo olvide
después de haberle visto tocar el infinito.

Se fue con el momento más alto,
en el sinfín del trago,
a la hora precisa, cuando el toque de queda
anochece las calles.

¿Qué buscaba, qué hacía aquí, caminando
como una estrella desprendida
que azota el pavimento?
De este lado no hay playa donde mezca su sueño,
queda lejos del mar.

Cayó en la densidad profunda del camino.
Es un niño con alas, no se rinde
con él los máuseres pierden el sentido.

Ojalá regresara alguna tarde
a pastorear el tiempo,
bajo este cielo de palomas grises.
Ojalá pudiera darle a su regreso
uva parvada de colibríes
para que los besara con los ojos.


Tomado de El tiempo tiene miedo, colección de premios, Editado en Queretaro

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