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Enriqueta Ochoa

Uno está a la orilla del mar
salándose los ojos.
No hay otro modo de estar.
Uno es el perro ciego ladrándole a la luna
entre el garrote y la mofa.
No hay otro modo de ser.
Uno grita hasta reventarse el cuerpo,
y no hay sosten posible,
ni cielo para crecer,
ni luz para beber,
sólo este oscuro destino de isla sorda
donde la sal relame los bordes de su orilla.

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