Ir al contenido principal

ESCRITO EN EL SILBATO DE UN TREN QUE NUNCA ACABA DE PARTIR/ ENRIQUETA OCHOA

Sobre el cansancio

de estos días hambrientos de cariño,

nieva soledad,

muerde el frío el tiempo,

se desmigaja la lluvia de mi ventana.

De muy lejos llega el ladrido de un perro,

el silbato de un tren que nunca acaba de partir,

el susurro de los jinicuiles y los grillos

que rompen en estrías la noche

y mi corazón.

Y mi corazón,

ciervo acongojado,

agoniza en un insomnio de muerte.

Comentarios

Entradas populares de este blog

OTRA CARTA /JAIME SABINES

Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco. Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste -untado con el bálsamo para la tristeza como para morirme- apareces distante, intocable, junto a mí. Me miras como a un niño y se me olvida todo y ya sólo te quiero alegre, dolorosamente. He pensado en la duración de Dios, en la manteca y el azufre de la locura, en todo lo que he podido mirar en mis breves días. Tú eres como la leche del mundo. Te conozco, estás siempre a mi lado más que yo mismo. ¿Qué puedo darte sino el cielo? Recuerdo que los poetas han llamado a la luna con mil nombres -medalla, ojos de Dios, globo de plata, moneda de miel, mujer, gota de aire- pero la luna está en el cielo y sólo es luna, inagotable, milagrosa como tú. Yo quiero llorar a veces furiosamente porque no sé qué, por algo, porque no es posible poseerte, poseer nada, dejar de estar solo. Con la alegría que da hacer un poema, o con la ternura que en las manos de los abuelos tiembla, te aproximas a mí y me const...

Fiesta en el vacío / Alejandra Pizarnik *

Como el viento sin alas encerrado en mis ojos es la llamada de la muerte. Sólo un ángel me enlazará al sol. Dónde el ángel, dónde su palabra. Oh perforar con vino la suave necesidad de ser. * Tomado de Poesía completa (1955 - 1972) del libro "Las aventuras perdidas" en https://drive.google.com/file/d/1hJ6HpbYho3WdwIFMGDV4p3GyvPvjQOAj/view?fbclid=IwAR1WZLO6GcggPNzJlqoGDKis2ZfuhS0OzL7oQxqwyHkJVJPUTiWqVf5Qltg

El descenso (fragmento)/ Raúl Zurita

Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos buscan las tuyas porque si yo te amo y tú me amas tal vez no todo esté perdido. Las montañas duermen abajo y quizás las margaritas enciendan el campo de flores blancas. Un campo donde Los Andes y el Pacífico abrazados en el fondo de la tierra muerta despierten y sean como un horizonte de flores nuestros ojos ciegos emergiendo en la nueva primavera. ¿Será? ¿será así? las margaritas continúan doblándose sobre el mar difunto, sobre las grandes cumbres difuntas y en la oscuridad, descendidos, como dos envanecidas pieles que se buscan, mis dedos palpan a tientas los tuyos porque si yo te toco y tú me tocas tal vez no todo esté perdido y, todavía, podamos adivinar algo del amor. De todos los amores muertos que fuimos y de un campo de flores que crecerá cuando nuestras mortajas blancas, cuando nuestras mortajas de nieve de todas las montañas hundidas nos besen la boca abajo y nos vuelvan para arriba las erizadas pestañas. Fragmento tomado de la secc...